No voy a perder mi hígado ni por Facebook ni por Twitter

Blog Personal Español Sep 24, 2019 6 min

No voy a perder mi hígado ni por Facebook ni por Twitter

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Comencé a usar Internet cuando corría por allá el año 2001. Estaba iniciando la escuela y nos llevaban para que aprendiéramos cómo navegar y usar esta nueva tecnología. Estábamos a la vanguardia. Aunque mi colegio era público contaba con una red de ayuda llamada “Enlaces” la que proporcionaba computadoras usadas a los colegios, por eso siempre tuve contacto con ellos. En fin. Vi decaer el CD-ROM, el Discman, el VHS y todo este tipo de tecnología arcaica y con ello vi surgir de entre las cenizas “algo” nuevo: el Internet. En 2005 ya tenía My Space, en 2006 Fotolog y en 2007 Habbo Hotel. En 2008 me creé mi perfil en Facebook y al año siguiente abrí mi cuenta de Twitter. Luego vendrían Instagram y todas las plataformas que existen hoy en día. El inicio de las redes sociales fue fantástico. ¡Es que no podía creer que pudiésemos estar conectados con las personas que más nos interesaban! Y luego cuando los famosos crearon sus cuentas podíamos saber qué estaban haciendo, qué pensaban y querían. Era como una extensión de las películas, discos o programas de TV que seguíamos.

Como usuario antiguo de Internet y veterano en el uso de redes sociales debo ser sincero en un aspecto que me parece no era la intención original de estos proyectos. Al inicio había un cierto respeto por el espacio personal del otro, veíamos aquello que publicaba y nada más. Usábamos estas plataformas para comunicarnos y enviarnos chistes, compartir fotos y comentar. Pero luego de unos años comenzamos a avanzar en las interacciones. Ya no sólo compartíamos contenidos amigables sino que también las emociones, pasiones y sentimientos más profundos. Esto me ha hecho querer escapar de las redes sociales porque me parece algo tóxico “habitar” este tipo de ambientes. Tanta negatividad da comezón y espanta hasta la persona de carácter más amable. A nadie le gusta estar en un lugar donde parece ir todo mal. Y es que muchos usuarios de Internet te hacen ver el mundo como si no hubiera esperanza, como si todo estuviese mal y nada en la vida fuera maravilloso. ¡Nos han robado la esperanza, nos ha robado la maravilla de la vida! Todo lo anterior me ha hecho reflexionar y tomar decisiones, ¿qué quiero aportar? ¿qué Internet quiero construir? Y es que yo también soy artífice de esta máquina mundial. Por eso quisiera enumerar algunas cosas que me parecen que están mal, que no deberíamos seguir permitiéndonos en las redes sociales, que deberíamos cambiar. Cada uno puede aportar su parte.

1. Las “funas”

Photo by Mohamed Nohassi on Unsplash

Esto está de moda tristemente. Lo primero que hay que decir es que las denuncias se hacen en el organismo correspondiente. Es verdad que muchas instituciones han perdido su credibilidad (iglesia, gobierno, policía, justicia), pero no es una solución deteriorar la buena fama de otros en Internet. Primero verificamos la información y luego denunciamos, pero atacar, denigrar e insultar a alguien en Internet es exponerlo a que otros, que no conocen ni los hechos ni los implicados, tomen parte del asunto. Simplemente no a todos les compete el tema. Sí es opinable, pero no todos tienen derecho a opinar por mucho que lo creamos así.

2. Los descargos y enojos

Photo by Alex Mihai C on Unsplash

¡Cuántos más hacen sus descargos en las redes sociales! Si usted quiere quejarse de algo vaya con quien puede hacer algo, pero no ensucie Internet con sus enojos e insultos. A las demás personas que navegan no les importa si a usted le miraron mal en el autobús o le corrieron de la tienda en el horario de comida, menos aún si se acabó el dinero del cajero automático. ¿Conoce algo que se llama fuero interno? Es una parte de su psicología reservada sólo para usted donde puede guardar todo tipo de pensamientos. Si ve que le ayuda decirlo, vaya y cuénteselo a una amiga o amigo que le puede abrazar y consolar, pero no lo haga en Internet. Muchos lo usamos para trabajar o comunicarnos con nuestros amigos y familiares, evite esto por favor, de o contrario está contaminando el mundo.

3. Opiniones diversas = enriquecimiento mutuo

Photo by John Schnobrich on Unsplash

Hoy en día hablar contra Marx o el comunismo es ponerse frente a una ráfaga de dardos ardientes. No puede ser posible que no abramos espacio al diálogo en las redes sociales. Que usted está a favor del aborto, respete que yo no lo estoy, y si tiene algo que comentar hágalo con respeto y exponiendo sus argumentos, así podemos crear un ambiente de verdadero intercambio y no de ataques. ¡Cuántas veces me ha tocado calmar situaciones en mis perfiles porque alguien se pone a atacar a otros sin conocerlos!

Somos personas, no somos simples números binarios recorriendo eléctricamente unos cables submarinos conectados a los servidores de todo el mundo.

Podemos dialogar, intercambiar opiniones, esto ciertamente nos ayudará a enriquecernos mutuamente, a ver panoramas que antes no habíamos contemplado, abrir la mente a otros puntos de vista.

4. Fakes news

Photo by Toa Heftiba on Unsplash

Al inicio de mi vida en Internet, y por amor a la verdad, empleé muchas horas de mi vida a corroborar información publicada por mis amigos. Y es que mucho de lo que se publica en Internet es falso o no tiene fundamento. Ya me canso de hacerlo, aunque hay cosas que ameritan una aclaración urgente como cuando hablan de la Biblia, de Jesús o de la Iglesia (en mi caso porque soy religioso). Pero imagínense, hay páginas webs dedicadas a las fakes news y lo dicen abiertamente, el problema es que algunos no leen el “Sobre nosotros” y no saben que lo que comparten con ira y descargo es falso. ¡Están perdiendo sus hígados por nada! Están dañando su cuerpo con enojos y rabietas adolescentes por algo que nunca fue cierto. Para evitarlo corrobore siempre la información que publica antes de compartirla con medio mundo, esto ayudará a su bienestar físico y mental y contribuirá a un mundo mejor y más verdadero.

Problemas de salud

Todo lo anterior afecta tu salud aunque no lo creas. Según el portal MejorSalud.com, la “la ira reprimida causa una opresión en el pecho o incluso un ardor. Estas sensaciones son las que, poco a poco, van afectando a nuestro hígado, causando un bloqueo de energía que le impide realizar su función de manera correcta”. He ahí el título de la publicación.

No sé tú, pero yo no estoy dispuesto a perder el hígado por un enfado injustificado.

Suficiente tengo con mis problemas de la vida real para llenarme con las fantasías de las redes sociales. No estoy dispuesto a perder mi hígado por Facebook o cualquier otra red social. Soy dueño de mis acciones y voy a decidir no contaminarme con toda la basura que hay en la red. Yo escojo lo que veo y lo que leo, y si algo es falso lo diré con argumentos si veo que es necesario hacerlo, pero no voy a discutir afanosamente los temas clásicos de disputas eternas porque no hay una presencia física, no hay unos ojos reales para ver, no hay unas manos que tomar, no hay una voz que oír… hay simples caracteres y colores que poco dicen de lo que el otro realmente piensa.

Photo by Andre Hunter on Unsplash

Según la ACHS (Asociación chilena de seguridad), “la ira o la agresividad en una persona repercute directamente en el funcionamiento de su corazón, por eso también se considera que el estrés está fuertemente ligado a enfermedades cardiovasculares. Estos son algunos de los efectos del enojo en nuestro organismo:

  • Aumenta la presión sanguínea, lo que con el tiempo puede provocar un deterioro en las arterias
  • Se eleva el pulso cardiaco y se genera taquicardia
  • Aumenta la producción de sustancias químicas como la adrenalina, lo que altera el equilibrio natural del cuerpo
  • Se desequilibra el sistema inmunológico
  • Se provocan contracturas, dolores musculares y jaquecas
  • Se acelera la respiración, provocando que el corazón bombee con más intensidad
  • Aumenta el riesgo de padecer algunas enfermedades como gastritis, colitis y dermatitis”

¡Esto lejos de mí! ¡Yo voy a vivir una vida tranquilo!

Esto es fruto de una cultura que no escucha, que se ha olvidado del silencio y la reflexión personal. Que no hace un mea culpa de sus faltas, que sólo recrimina y discute, que no dialoga, que no acepta otras posturas. Una cultura anestesiada por la pseudo-libertad donde todo vale y todo está permitido, donde la propiedad del otro se puede repartir sin permiso y donde la vida privada está relegada al olvido.

¡Me rebelo! ¡Me niego a ser parte de este sistema! Yo quiero ser feliz, no quiero vivir amargado por la vida y con miedo a lo que los demás van a decir sobre lo que pienso y creo.

Ser auténtico tiene su precio. Y tú, ¿qué vas a hacer? ¿quieres ser feliz? Ahí te la dejo….

Religioso Legionario. Miembro de #RegnumChristi. Chileno 🇨🇱. Estudié Periodismo, Filosofía, Humanidades, Lenguas clásicas y Bioética. Escribo en Catholic-Link.com. Formador de seminaristas menores en el Centro Vocacional de México. Editor de www.elblogdelafe.com

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